- Alguien más: A ver si ahora el año que viene te pones las pilas y cambias.
- Siempre el mismo: No, imposible. O sea, estaría bueno pero... Cambiar? No, ni ahí. No podría. Sería diferente pero no sería yo, sería otro.
- Alguien más: Y qué tiene? Al único al que le importa si sos o no sos es a vos. Además, de que te sirvió ser vos todo este tiempo? Olvidáte de vos, ya fue, tenés que ser otro.
La gente habla mucho. Yo a veces me paro a escucharlos y no puedo creer todo lo que hablan. Porque algunos se pasan y hablan de más. Hablan y hablan; que esto es así, que esto es asá, que ahora va a pasar esto, que ahora va a pasar esto otro. Pero no; las cosas no son así ni asá y no pasa nada, ni esto ni aquello. Mienten y se mienten a sí mismos. Yo he escuchado esas mentiras y alguna me habré creído. No se puede evitar. A veces te convencen; eso pasa. Pero después te das cuenta de que no tienen razones, que no tienen argumentos, que no hay un sustento, ni siquiera un sentido. Es pura sanata. Mucho bla bla bla y poca sustancia, ninguna, bah. El tema es que uno los ve tan seguros y bien parados que pareciera que lo que dicen es posta, pero ni ahí. Exigen tu atención como si realmente tuvieran algo que decir, pero no. Hablan y no dicen nada. Y uno los escucha, sí, por amabilidad, por sensibilidad, por amor, porque sí. Y asiente con la cabeza como si estuviera de acuerdo, por desidia, por desconocimiento, por necesidad, por lo que sea. Hacemos “Como si”, avalando un discurso que no nos necesita para existir. Uno lo sabe y los otros también, pero a todos les dejó de importar cuando aprendieron a fingir.
A algunos les interesa mucho conocer la esencia de las cosas, saber qué es lo que se esconde atrás del sentido de todo lo que parece, llegar hasta el fondo y descubrir el porqué de todo lo que la gente hace que pase. Yo soy de esos algunos. Esa es una cuestión que siempre me obsesionó. Me acuerdo que antes me desesperaba y me la pasaba preguntando porqué esto, porqué lo otro, pero aprendí que eso no sirve; lo que te dan cuando preguntás, siempre son respuestas a medias. No hay que preguntar nada. Hay que quedarse callado y mirar. Lo que ves cuando mirás, a veces es horrible pero ahí está; eso es la esencia de las cosas.