Casi parece que no pasaran los días cuando uno tiene todo el tiempo del mundo, aunque todo el tiempo uno es consciente de que está viviendo un tiempo diferente, un tiempo cambiado, un tiempo fuera del tiempo. Un instante separado del momento. Un vacío lleno de nada. Es el verano quebrando la linea continua de la rutina de todos los días con la fuerza de otras nuevas calamidades cotidianas… Y no hay nada que hacer, porque no hay nada que hacer. Y tratás de pasar el rato pensando en cosas que te distraen para no darte cuenta del tiempo pero el tiempo pasa igual, porque todo pasa, aunque no pasa así nomás, no pasa como si nada. El tiempo es un desierto que hay que atravesar todos los días. Y a veces está tan tranquilo que todo parece perfecto. Y, sin embargo, no es perfecto. Porque, sí, parece que no pasara nada pero en realidad siempre pasa algo. O, a veces, de verdad no pasa nada de nada aunque uno no se termina de dar cuenta y piensa que sí, que es algo y está pasando ahora, pero no. No pasa nada o, por ahí, lo que pasa es otra cosa. Y está bien, de última, son cosas que pasan nomás pero, por otro lado, uno no puede evitar preguntarse porqué pasan o porqué no pasan las cosas y, más que nada, qué es exactamente lo que pasa cuando pasa lo que pasa; y lo que pasa, pareciera, es que pasa de todo, pero al final lo único que existe es el aburrimiento… Y no hay nada que hacer, otra vez, porque no hay nada que hacer. Y entonces te dan ganas de salir, de irte, de no quedarte más en ninguna parte, de andar y seguir andando, casi como para no volver más a donde estabas, para estar siempre yendo y siempre avanzando aunque a veces, no siempre, también, retrocediendo pero siguiendo igual, para seguir y seguir, y dejar de estar por estar, de sentir lo que no sentís, de creer que cambiás cuando estás siempre en la misma, de no darte cuenta de la nada, de creer que lo es todo y quedarte ahí, sin poder irte. Mejor escaparse, mejor explotar, expandirse, expansionarse, explorar, irse y no estar más acá, para olvidarse del tiempo, para empezar a sentir lo que hay que sentir, y moverse, no quedarse, andar para siempre, ir más allá, llegar lejos, sin parar, hasta el final, sin pensar que va a pasar, descubriendo y despegando, para estar en todos lados.
Una vez me enamoré de Pamela. Me gustó desde la primera vez, pero ella nunca se enteró. Bueno, a lo mejor llegó a imaginárselo pero qué sé yo, no creo. Es decir, tuvimos nuestros momentos pero nunca hubo nada real entre nosotros, o por ahí medio que sí, no sé, es difícil de decir. La primera vez que la vi fue hace como seis años y la última fue el otro día, hará nomás una semana o algo así. Fue en el mismo lugar, literalmente. Esta última vez que la vi, ella estaba parada exactamente en el mismo lugar en donde estaba aquella primera vez; en serio, el mismo lugar. Fue raro, una casualidad, o el destino, o quién sabe. Yo nada. Lo que sí sé es que en todo este tiempo las cosas cambiaron mucho, para uno de los dos por lo menos. La primera vez que la vi ella estaba igual de sola que yo, o eso me pareció. Ella me miró, por un segundo nomás, y la sentí tan perdida y tan desamparada. La última vez ya no estaba sola. De hecho, estaba muy bien acompañada. Ahora tiene novio, por supuesto. Y ahí estaba, con él. No me animé a acercarme y ella ni me vió, sino seguro que me hubiera saludado. Ella siempre me saluda. En una época nos veíamos casi todos los días, después nos fuimos viendo cada vez menos, pero siempre nos cruzamos por ahí. Muy de vez en cuando pero nos vemos, a veces en los lugares más impensados; de pura casualidad, supongo, o a lo mejor por puro destino. Una vez fui a la casa en donde vivía. Pero eso no fue suerte, no, eso fue algo que generé yo, digamos. Estuvimos una hora conversando. No fue tanto y tampoco hablamos de nada demasiado profundo, pavadas, cosas sin importancia. Pero ese fue un momento. Uno de esos momentos que tuvimos. Me acuerdo de ese momento porque, aunque no haya sido del todo real, fue especial. Por ella, ella fue especial. Estuvo perfecta, linda, amable,espontanea, cordial, simpática, todo. Ahora nada. No sé si la vaya a volver a ver. No sé si me la vuelva a encontrar en algún lugar inesperado. No creo que volvamos a quedarnos una hora hablando. Porque ya no hay nada que se pueda generar. No tengo chance. Supongo que nunca la tuve. Tuve casualidades, tuve destino, pero no alcanzó. Me lo imaginé mil veces pero no se hizo real. No tenia que pasar y no pasó. A lo mejor en otra vida, Pamela.